Entrevista a Guillermo Santander, Investigador de ICEI

 

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PERFIL DEL ENTREVISTADO 

  • Lugar y fecha de nacimiento: Madrid, 4 de marzo de 1979
  • Cargo e institución de trabajo: Investigador del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI-UCM).
  • Especialidades en estudios del desarrollo: Sistema internacional de cooperación; cooperación Sur-Sur; cooperación descentralizada; coherencia de políticas para el desarrollo.
  • Una obra de los estudios del desarrollo que recomendarías: La gran transformación (Karl Polanyi).
  • Hipervínculo a página web personal o CV: http://ucm.academia.edu/GUILLERMOSANTANDERCAMPOS

ENTREVISTA

Guillermo, ¿cuál es la situación de los Estudios del Desarrollo en España y cuáles crees los principales retos?

Por una parte es conocido que los estudios y la investigación en materia de desarrollo en España experimentan una situación delicada, fundamentalmente por el escaso apoyo y nivel de atención que han prestado tradicionalmente los poderes públicos. Pero pese a estas constricciones, en España se viene acumulando una masa crítica cada vez más relevante en materia de estudios del desarrollo. Hay una alta presencia de de académicos y académicas que llevan tiempo trabajando y acumulan una experiencia y un bagaje muy considerable, con otros enfoques y miradas, lo cual es muy útil para enriquecer el debate.

Esto se ha producido en un contexto de creciente interconexión de los centros de estudios españoles con los de otros países, especialmente de Europa y América Latina. A pesar de estos avances es necesario seguir profundizando y ampliando estas relaciones. De igual forma, será necesaria una mayor vinculación de los centros de estudios dedicados al desarrollo con la sociedad civil y, muy especialmente, con las administraciones públicas. Tratar de fortalecer los vínculos y la transferencia de apoyo y conocimiento entre las políticas públicas y los centros de estudios me parece el reto fundamental en los próximos años.

Como experto en cooperación Sur-Sur, ¿qué crees que puede aportar esta modalidad a la nueva agenda de desarrollo y qué implicaciones o retos futuros presenta?

La cooperación entre países en desarrollo supone uno de los principales cambios del sistema internacional de cooperación. Lejos de ser un fenómeno coyuntural o pasajero, la cooperación Sur-Sur se relaciona con las profundas transformaciones (especialmente en la naturaleza y distribución del poder), por lo que es probable que su protagonismo tienda a incrementarse progresivamente.

La irrupción de la cooperación Sur-Sur presenta importantes potencialidades que habrá que ver si son adecuadamente capitalizadas (tanto por los países que la protagonizan como por el propio sistema). Una de ellas, es el intercambio de experiencias y conocimientos entre países que enfrentan retos y desafíos similares. Lo cual tiene unas potencialidades muy significativas para promover el desarrollo. No obstante, junto con esta vertiente más técnica, para erigirse en un verdadero vector de cambio la cooperación Sur-Sur deberá profundizar en otros ámbitos de cooperación. Uno alude a la cooperación de tipo financiero, de tal modo que los países en desarrollo fortalezcan sus lazos económicos e incrementen su autonomía financiera con respecto a los países desarrollados y a las instituciones internacionales controladas por los países del Norte. Otro, de carácter más político, se relaciona con cuestiones como la definición de la agenda política, la incidencia en los organismos internacionales o la provisión de bienes públicos internacionales. Todas ellas, cuestiones que aconsejan una simultánea profundización en las experiencias de integración regional, a lo que también la cooperación Sur-Sur puede servir de forma relevante.

¿Cuáles crees que serán los países más avanzados en esta línea en los próximos años? ¿Existen perspectivas de cooperación entre la tradición de los países del CAD y la Sur-Sur?

No creo que haya muchas sorpresas, es de suponer que los “países emergentes” seguirán jugando un papel protagonista dentro de la cooperación Sur-Sur. Por supuesto, de forma especialmente destacada estará China (presente, además, en regiones muy diversas), pero también otros países como India o Sudáfrica podrían ocupar un espacio cada vez más relevante dentro del sistema de cooperación. Por otro lado, aunque existen algunas incertidumbres asociadas a los cambios políticos vividos en la región, cabe esperar que los países latinoamericanos también sigan estando a la vanguardia de esta modalidad (particularmente países como Brasil, México, Chile o Colombia y, de manera mucho más incierta, Venezuela). El cambio de ciclo político pueda llevar a distintas orientaciones dentro de la cooperación Sur-Sur en la región, como cabe suponer.

Respecto al nexo entre la cooperación tradicional y la Sur-Sur, será una relación complicada (como hasta la fecha) pero creo que la nueva agenda 2030 ofrece oportunidades para un mayor acercamiento. La necesidad de trascender la clásica ayuda oficial al desarrollo a la que se enfrentan los países del Norte (de lo que es muestra el proceso de Total Official Support for Development, promovido por el CAD) junto con la necesidad que presenta la cooperación Sur-Sur de computar y sistematizar de una forma más armonizada sus intervenciones, pueden conducir a una mayor convergencia entre ambas modalidades. También la triangular puede jugar un papel interesante.

Por tu experiencia en la investigación sobre la Cooperación Española, ¿hacia dónde iría esta política pública? ¿Estaríamos ante un cambio de paradigma?

La drástica reducción sufrida por los presupuestos de la cooperación española en los últimos años (sin ningún coste social y político, por cierto) revela una falta de compromiso real por parte de los altos responsables políticos. Lejos de ser percibida como una política pública en sentido amplio (lo que presupondría garantizar una mínima estabilidad presupuestaria y operativa), la cooperación para el desarrollo ha sido tratada como una política accesoria de la que se podía prescindir. Además de una visión muy insolidaria, esta actitud revela una concepción muy estrecha y anacrónica de lo que significa ser parte de un mundo crecientemente globalizado. Habrá que ver si la nueva agenda de los ODS realmente abre un nuevo contexto de oportunidad para que la política española vuelva a adquirir un mayor protagonismo. Aunque con marcadas diferencias, el hecho de que ninguno de los principales partidos con representación en el Congreso haya incorporado esta cuestión como una prioridad de sus discursos, tampoco ayuda al optimismo. Todo ello hace pensar que en buena medida el futuro de la cooperación española dependerá de la capacidad de incidencia que muestre la sociedad civil, junto con la capacidad de articular alianzas estratégicas con partidos políticos que pudieran ser más proclives a prestarle mayor atención a la cuestión. Afortunadamente, sí se observan experiencias más esperanzadoras en el ámbito de la cooperación descentralizada, como son los casos del País Vasco o  de la Comunidad Valenciana, de los que podrían extraerse aprendizajes muy útiles a escala nacional.

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