Entrevista a Carlos Oya, profesor titular del School of Oriental and African Studies de la Universidad de Londres

CARLOS OYA

  • Lugar y fecha de nacimiento: Puerto Rico el 13 Junio 1971 (pero de familia española)
  • Cargo e institución de trabajo: Reader (Associate Professor) en el Departamento de Development Studies, de SOAS (School of Oriental and African Studies) de la Universidad de Londres.
  • Especialidades en estudios del desarrollo: economía política del desarrollo, agricultura, empleo, cambio estructural, cooperación al desarrollo, métodos de investigación y evaluación de impacto.
  • Una obra de los estudios del desarrollo que recomendarías:
    • Como manual Thirlwall, A.P., (2011), Economics of Development: Theory and Evidence 9thedition, London: Palgrave
    • Como lectura fácil pero de contenido esencial (versión en castellano): HJ Chang (2012). 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo (DEBATE).
  • Hipervínculo a página web personal o CV: https://www.soas.ac.uk/staff/staff31576.php

 

  1. ¿Cómo valoras los estudios del desarrollo en España? ¿podrías compararlos con su situación en Reino Unido, donde desarrollas tu carrera académica?

Los estudios del desarrollo en el Reino Unido están muy arraigados y de hecho considerados como referencia en el panorama mundial. Muchos de los centros más conocidos de estudios del desarrollo (como área interdisciplinar) están en el Reino Unido. La economía del desarrollo (development economics) y la mayoría de sus pioneros desarrollaron sus carreras y trabajo en muchos centros del Reino Unido desde los años cincuenta. Es evidente que la importancia del Reino Unido para el colonialismo desde el siglo XIX es también una de las razones por las que esta tradición académica tuvo tanto arraigo en instituciones británicas, especialmente en sus orígenes coincidentes con los procesos de descolonización. En su fundación en 1916 el SOAS era una institución académica en parte al servicio de la gestión y conocimiento de los territorios del imperio británico, de ahí su especialización en África y Asia.

Comparativamente, en España los estudios del desarrollo son incipientes y la crisis de 2008 y la consiguiente drástica reducción de la ayuda española al desarrollo no han ayudado. Mi impresión es que desde los años noventa surgieron muchas iniciativas académicas dentro de este campo y proliferaron programas de posgrado en distintas universidades españolas. No obstante, esto se produjo con un sesgo claro hacia el tema de la “cooperación al desarrollo” y una concentración comprensible en estudios sobre América Latina, con muy escasa atención a África y Asia. En parte fue por esto que decidí “exiliarme” en el mundo académico del Reino Unido, y muy particularmente el microcosmo de SOAS.

  1. Además de tu trayectoria como investigador, tienes una amplia experiencia de campo en África Subsahariana, ¿en qué medida crees que esta experiencia profesional ha enriquecido tus investigaciones en estudios del desarrollo?

África Subsahariana es un excelente laboratorio para los estudios del desarrollo por varios motivos. Observar de primera mano la dinámica y la naturaleza de las fases incipientes de cambio estructural cuando este se produce ayuda a entender mejor la historia del capitalismo de más de 200 años. Asimismo, estudiar desde cerca algunos de los problemas que más atención han recibido en el campo de los estudios del desarrollo, como es el caso de la pobreza y sus determinantes y dinámicas, también ayuda a empatizar y sentir al mismo tiempo que se reflexiona y analiza.

Más allá de estas constataciones, destacaría que, en mi caso, mi experiencia de campo en esta región ha sido determinante para mis investigaciones y la evolución de mis ideas sobre desarrollo. Desde mis primeros pasos en el Senegal rural hace ahora más de veinte años hasta mis recientes experiencias en las obras de construcción y fábricas de Angola y Etiopía, he aprendido a valorar lo complicado que es tener datos fiables, operacionalizar conceptos complejos hasta reducirlos a números, y entender de forma realista las complejas contradicciones de cómo los ciudadanos de a pie “viven” los procesos de desarrollo económico. Desarrollé conocimientos prácticos en la recogida de información a través de encuestas de campo que me permitieron cuestionar algunas de las prácticas corrientes de investigación, muchas teorías, hipótesis y el masivo uso de datos de escasa calidad por las investigaciones econométricas en la economía del desarrollo. En cierto modo, experimenté un encuentro con la realidad de la información empírica que manejamos como en su día ya lo hizo la gran economista “de campo” Polly Hill en los años 60.

Otras experiencias profesionales también me ayudaron a crecer intelectualmente, y en particular destacaría mis cuatro años al servicio del Ministerio de Economía y Planificación en Mozambique (1999-2003) donde viví de primera mano el proceso laborioso de elaboración de políticas de desarrollo y de los diagnósticos necesarios para ello. Aprendí, entre otras cosas, a valorar mucho la dedicación y el coraje de tantos funcionarios que con frecuencia son menospreciados injustamente.

  1. Has vinculado el estudio del mercado laboral en países en vías de desarrollo, uno de tus campos de especialización, con el comercio justo ¿a qué conclusiones has llegado?

Entre 2009 y 2014 realizamos una investigación en profundidad sobre las condiciones de trabajo de los trabajadores agrícolas (la mayoría extremadamente pobres y con empleo irregular) en los sectores del café, té y flores en Etiopía y Uganda, con el objetivo de comparar de manera sistemática los empleos en explotaciones agrarias certificadas por la organización de comercio justo Fairtrade con los de otras explotaciones no certificadas. El resultado fue que, casi sin excepciones, los salarios y otras condiciones de empleo no eran mejores en la producción agrícola para Fairtrade. En varias comparaciones los salarios eran más bajos y teniendo en cuenta todos los factores observables. Hay poco espacio en estas líneas para explicar el por qué de tal conclusión pero nuestros informes lo detallan para casos específicos en http://ftepr.org/

En todo caso, y en base a otro estudio recientemente finalizado, la conclusión principal es que estos sistemas de certificación, a pesar de la importante publicidad que reciben, tienen una capacidad limitada a la hora de afectar los factores estructurales arraigados que determinan las condiciones de empleo en contextos concretos. Sus sistemas de auditoría quizás tampoco sean lo efectivos que se les supone y además Fairtrade en realidad no audita las condiciones de empleo que se dan en las pequeñas explotaciones (caso del café). El impacto es extremadamente contextual.

  1. Varios de tus trabajos se centran en el estudio de los métodos de investigación más adecuados para abordar la pobreza rural, el desarrollo rural o el empleo rural. ¿Qué recomendaciones podrías dar en este sentido?

En primer lugar, la mayoría de conceptos que manejamos sobre estos temas son multi-dimensionales y muy contextuales, es decir su aplicación universal genera a menudo problemas que no siempre son reconocidos. Por tanto, la elección de indicadores y cómo se recogen los datos influyen sobremanera el tipo de debates que tenemos y los argumentos que avanzamos, a menudo con discrepancias importantes. Segundo, es importante que estas dimensiones, esto es pobreza, desarrollo y empleo se analicen en conjunto y no por separado. Es difícil entender la pobreza sin tener un buen conocimiento de las dinámicas y estructuras del mercado laboral, y, sin embargo, a menudo se analizan en paralelo. Tercero, muchas de las encuestas nacionales que producen los datos oficiales de pobreza y empleo (así como tantos estudios que reproducen los mismos métodos) adoptan convenciones que no siempre se adaptan bien a contextos en que las realidades de pobreza y empleo no se ajustan a los parámetros convencionales. Por ejemplo, las preguntas sobre la “ocupación principal” generan sesgos problemáticos en contextos de multiplicidad ocupacional y en que lo “principal” se puede interpretar de varias maneras; la recogida de datos sobre consumo alimentario que subyacen a los datos de pobreza también presenta enormes dificultades que llevan a atajos que solo incrementan los errores de medida peligrosamente; el determinar quién forma parte de un agregado familiar depende de supuestos sobre lo que es “hogar familiar” que a menudo no se cumplen. Y así muchas otras cuestiones que es preciso enfrentar con cuidado. Después de todos estos años he aprendido que hay dos enfoques que son recomendables: (1) acercarse a los problemas desde el pluralismo metodológico, aplicando métodos mixtos de manera interdisciplinaria; (2) dedicar mucho tiempo al diseño de las encuestas cuantitativas (para los que las hacen), a través de trabajo cualitativo de campo de preparación que permita elegir las herramientas más adecuadas al contexto.

  1. Como valoras el papel de los estudios del desarrollo en el momento actual de complejidad e incertidumbre global, caracterizada por el auge de discursos y políticas de corte xenófobo, contrarios a los derechos humanos e incluso negacionistas del cambio climático?

Es importante que los estudios del desarrollo contribuyan a explicar que las realidades de los países en desarrollo y sobre todo de los más pobres, no están alejadas de nuestras realidades y que la interdependencia entre los distintos “mundos” es irreversible. Repensar la globalización y cómo atajar sus efectos más nocivos es fundamental para que esta interdependencia no genere conflicto y divisiones como las vivimos en la actualidad.

Pero también convendría que desde esta disciplina no se venda humo planteando que el desarrollo es un proceso armonioso donde todos pueden ganar y que decenas de objetivos deseables (¿SDGs?) son alcanzables con algunos ingredientes básicos y mucha voluntad. La realidad es que el proceso de desarrollo ha sido históricamente complejo, no lineal, desigual, violento y plagado de injusticias y muchos “daños colaterales”. Por supuesto que se puede aspirar a que sea un proceso menos violento, más orientado al respeto de los derechos humanos y, sobre todo, menos auto-destructivo en lo que al futuro del planeta se refiere. Sin embargo, los trade-offs estarán allí, las contradicciones no desaparecerán fácilmente, y, aún así, muchas cosas podrán seguir mejorando como lo han hecho sobre todo en los últimos 100 años, en que los logros en multitud de dimensiones (salud, conocimientos, tecnología, calidad de vida) son innegables. En suma, precisamos articular la idea del “optimismo trágico” reconociendo los grandes avances de los procesos dinámicos de largo plazo así como los costes y daños que el mismo proceso genera.

Facebooktwitterlinkedinmailby feather