Entrevista a Jordi Gascón, antropólogo especialista en turismo, desarrollo y políticas agrarias en América Latina

JORDI GASCÓN

  • Lugar y fecha de nacimiento: Barcelona, 1966.
  • Cargo e institución de trabajo: Profesor visitante. Departamento de Historia del Arte e Historia Social. Universitat de Lleida.
  • Especialidades en estudios del desarrollo: Antropología social. Turismo, Estudios rurales, Cooperación al Desarrollo. Área Andina.
  • Un obra de los estudios del desarrollo que recomendarías: Si es posible, mejor dos. Un par de excelentes publicaciones en castellano que giran alrededor del concepto “desarrollo” desde perspectivas encontradas, y que juntas establecen un buen marco para entender el debate:

Bretón, Víctor; ed. (2010) Saturno devora a sus hijos: miradas críticas sobre el desarrollo y sus promesas. Barcelona: Icaria.

Asensio, Raúl H. (2016) Los nuevos incas: la economía política del desarrollo rural andino en Quispicanchi (2000-2010). Lima: Instituto de Estudio Peruanos.

  • Hipervínculo a página web personal o CV:

https://lleida.academia.edu/JordiGascon

https://www.researchgate.net/profile/Jordi_Gascon

http://www.hahs.udl.es/hs/jgascon.htm

 

  1. ¿Cuál es el momento de los Estudios del Desarrollo en España y cuáles crees los principales retos que deberían afrontar los investigadores?

No es un momento dulce. Desde el norte global, el desarrollo (o la falta de) aparece como un problema que padece el sur y que solo nos concierne como agente causal. La actual crisis puso al descubierto la pobreza dentro de nuestra frontera (que siempre ha estado ahí) y la incrementó. Se liquidó esa impresión complaciente de país rico, se redujo drásticamente la AOD, y la merma en los fondos para investigación fue especialmente incisiva en los estudios sobre desarrollo. Un indicador son los postgrados de cooperación y desarrollo, cuyo número crecía exponencialmente desde la década de 1990. Muchos han desaparecido, otros sobreviven a duras penas, y la mayor parte de estos últimos han tenido que reconvertirse incorporando otras temáticas a su plan de estudios.

Tengo la sensación que el peso de esta línea de investigación se ha desplazado a América Latina, a medida que muchos de sus países incrementaban los fondos universitarios y para la investigación (Brasil y Ecuador son dos ejemplos). Y porque es un tema que les atañe directamente. De hecho, conozco muchos investigadores españoles en cooperación y desarrollo, para los que América Latina era el área de estudio, que han acabado entrando también en la estructura académica del subcontinente ante la poca oferta que ofrece la española.

 

  1. Desde tu conocimiento en soberanía alimentaria, ¿estamos ante una crisis global de alimentos? ¿Qué puede ocurrir en un futuro? ¿Debemos cambiar nuestras pautas de consumo, de producción, de distribución…?

Alrededor de la pobreza alimentaria mundial prevalecen discursos hegemónicos que legitiman las causas que lo provocan. Por ejemplo, predomina la idea neomalthusiana de que es resultado de la escasez: la capacidad productiva no alcanzaría para cubrir las necesidades básicas de un mundo en expansión demográfica. Sin embargo sabemos que al menos una tercera parte de los alimentos producidos y de buena calidad no llegan a ser consumidos. Se “pierden” a lo largo de la cadena agroalimentaria. Y no, como se afirma, por problemas logísticos; la industria agroalimentaria cuenta con una tecnología cada vez más depurada. La pobreza alimentaria es un fenómeno complejo que no se explica por la simple falta de alimentos. El problema es que en este mundo globalizado los precios de los alimentos se igualan, pero no la capacidad adquisitiva. No es una cuestión de falta de alimentos, sino de que mucha gente no tiene dinero para comprarlos. Y el bucle se completa porque esa “sensación” de escasez permite convertir los recursos agrarios en espacio propicio para la inversión financiera y la especulación.

Soberanía alimentaria, paradigma que surge de los movimientos sociales campesinos, denuncia esa visión hegemónica de la pobreza alimentaria y de la crisis del agro. Demuestra que es un problema de acceso, no de volumen producido. Y que la solución, sí, pasa por cambiar el orden agroalimentario actual. Un mundo de campesinos permitiría alimentar a todos sus habitantes. Un mundo dominado por la agroindustria, como vemos, no.

 

  1. Ha aflorado a la opinión pública el negocio en torno a los bancos de alimentos. ¿Qué opinión te merece? ¿Cuál debería ser el papel de los estados?

El Banco de Alimentos es un ejemplo de cómo la buena voluntad ante el drama de la pobreza alimentaria puede generar beneficios para los agentes corporativos que controlan el mercado agroalimentario. Tomemos como ejemplo su campaña más reconocida, la Gran Colecta. Participan decenas de miles de voluntarios, en su mayor parte trabajando en puntos de recogidas de alimentos situados en los vestíbulos de los supermercados. Se solicita a los clientes del supermercado que adquieran algunos productos extra para el Banco. El Banco de Alimentos afirma que esta Navidad han acopiado 21 millones de kilos, que serán distribuidos entre personas que padecen pobreza. Parece que estos sectores sociales sean, así, los beneficiados del programa.

Pero puede ser interesante seguir el dinero con el que centenares de miles de donantes adquieren esos productos. Si tenemos en cuenta el margen comercial de las cadenas de supermercados, veremos que son éstos los mayores beneficiarios de la campaña. Pensemos que ese margen comercial puede girar alrededor del 80%. 80 céntimos, de cada euro gastado por los donantes, van a parar a la caja de la cadena minorista. Si Banco de Alimentos solicitara a los donantes una cantidad en efectivo y no productos, aunque fuera muy inferior al que se pensaran gastar, podría comprar directamente a los proveedores y obtener un mayor volumen de alimentos. Además, podría decidir qué productos adquirir, según las necesidades reales. Tras la campaña, hay un trasiego tremendo de determinados productos acopiados y almacenados en exceso que, en muchos casos, se acaban estropeando. Y ya no hablemos del problema logístico que supone: hay centralizar, clasificar y redistribuir las donaciones…

Si el objetivo es distribuir alimentos a los pobres, la campaña es un ejemplo de ineficiencia e ineficacia. Pero si consideramos los beneficios corporativos para las grandes cadenas de supermercados, un éxito. Entonces, ¿quién es el beneficiario real de la campaña?

 

  1. Hablemos de turismo y desarrollo. ¿Qué es el Turismo Sostenible? ¿Puede contribuir este tipo de turismo a la reducción de la pobreza? ¿Qué puede aportar el sector turístico al cumplimiento de la Agenda 2030?

Turismo Sostenible es un término exitoso: todo el mundo lo utiliza. Es difícil encontrar un texto sobre turismo, académico o no, en el que no aparezca la expresión “sostenible”. Pero también es un concepto poliédrico: cada agente lo define y ajusta a sus propios intereses. Turismo Sostenible surgió con cierta carga reformista, incluso sediciosa, y hay quien sigue utilizándolo en este sentido. Pero ha terminado convirtiéndose en un mantra que ofrece legitimidad a cualquier propuesta de desarrollo turístico, sea cual sea su impacto.

Puede haber propuestas y políticas en turismo que permiten combatir la pobreza. En algunos casos han tenido cierto éxito a nivel local. Pero en términos globales el desarrollo del sector turístico ha impulsado el incremento de la marginación y la pobreza: se ha caracterizado por dañar ecosistemas, malbaratar recursos naturales, mercantilizar expresiones culturales, impulsar economías especulativas, crear marcos favorables para la corrupción y vulnerar derechos laborales, y no por lo contrario.

Sin embargo la Organización Mundial del Turismo, agencia de NNUU muy influenciada por los intereses corporativos, difunde que el turismo puede ayudar a alcanzar las metas establecidas por la Agenda 2030. La Agenda 2030 es un abanico de objetivos muy loables, pero NNUU se guarda mucho de indicar cómo se han de alcanzar. Y es en ese cómo donde se encuentra el quid de la cuestión. Así que la Agenda se ha convertido en campo abonado para legitimar el uso corporativo, incluso maniqueo, del concepto Turismo Sostenible y la consideración del turismo como “motor del desarrollo”.

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