Entrevista a Koldo Unceta, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco

KOLDO

PERFIL DEL ENTREVISTADO

Nombre y apellidos: Koldo Unceta

Lugar y fecha de nacimiento: Donostia-San Sebastián, 2/10/1954

Cargo e institución de trabajo: Catedrático de Economía Aplicada. Instituto Hegoa. UPV/EHU

Especialidades en estudios del desarrollo: Teoría del Desarrollo; Políticas de Cooperación al Desarrollo.

Una obra de los estudios del desarrollo que recomendarías: Celso Furtado (1965): Dialéctica del desarrollo. FCE. México.

CV: http://www.eai.ehu.es/s0036-con/es/contenidos/informacion/00036_paginas_personales/es_pa/unceta_koldo.html

ENTREVISTA

¿Cuál crees que es la situación actual de los estudios del desarrollo en España?

Creo que estamos en una situación de impasse, de transición. Al igual que ha ocurrido con la cooperación al desarrollo –y a diferencia de otros contextos- en España el mayor auge de los estudios de desarrollo se ha producido durante las últimas décadas. Pero, en algunos casos, este auge se ha producido un poco al margen de lo que comenzaba a discutirse en otros países y del cambio de paradigma que se estaba produciendo en este campo. Buena parte del impulso de los estudios del desarrollo en nuestro país se produjo en el marco de los modelos Norte-Sur, o Centro-Periferia.  Pero dichas referencias, que fueron muy importantes en su momento, en la actualidad apenas sirven para explicar una parte muy pequeña de la problemática del desarrollo mundial. Además, la fuerte irrupción de las corrientes postdesarrollistas, especialmente en el campo de la antropología, nos interpela y nos obliga a debatir sobre cuestiones que habían estado demasiado tiempo olvidadas. En la actualidad, la diversidad de los problemas relacionados con los procesos de desarrollos, así como la multidimensionalidad y multiescalaridad de los mismos, hace necesaria una nueva visión, así como una ampliación del foco, desde las disciplinas tradicionales -como la economía y la sociología-, hasta otras como la ecología, la tecnología, la educación o las ciencias de la comunicación. Creo que bastante  gente comienza a moverse ya en otros parámetros, pero no podemos olvidar que, en España, los estudios sobre desarrollo han crecido de la mano del impulso de la cooperación –incluso en lo que afecta al apoyo y a la financiación de nuestra investigación- y que muchos de los actores de la cooperación continúan operando con la convencional lógica Norte/Sur y las referencias asociadas a ella.

¿Qué retos principales se plantean para potenciar los estudios del desarrollo en España?

Creo que los estudios del desarrollo se enfrentan actualmente a importantes retos, como consecuencia de lo señalado en el punto anterior. Sin embargo, yo resaltaría una cuestión que, en mi opinión, tiene una especial trascendencia para el futuro. Me refiero a la necesidad de vincular mucho más los estudios y las investigaciones sobre desarrollo a los debates sobre la crisis. Y ello por dos motivos fundamentales. En primer lugar, porque los problemas y retos del desarrollo se plantean de hecho en el contexto de una crisis sistémica, cuyas características es preciso estudiar y comprender para avanzar propuestas fundamentadas y rigurosas en el ámbito del desarrollo humano, la equidad y la sostenibilidad. Y en segundo término, porque los estudios del desarrollo no pueden dar la espalda a los problemas del desarrollo en nuestro contexto más cercano. La situación del desempleo, de la desigualdad, de la pobreza en nuestro país, nos obligan a un esfuerzo de análisis capaz de integrar estos problemas en el marco de los cambios globales que se están produciendo y que afectan, aunque de manera diferente, a todas las sociedades y territorios del mundo. Creo que esta preocupación debería plasmarse mucho  más en artículos en revistas, en ponencias y debates en Congresos, etc. Y creo que REEDES puede ser un valioso instrumento para empujar en esa dirección.

¿Cuál debería ser el papel de las Universidades españolas en los estudios del desarrollo?

En mi opinión, la universidad constituye un espacio privilegiado para afrontar debates como los que acabo de apuntar, ya que son temas que, además, afectan al papel que correspondería jugar a la institución universitaria. Particularmente importante me parece la apuesta por la interdisciplinariedad, absolutamente necesaria para enfrentar el análisis de cuestiones complejas y poliédricas como las apuntadas. Sin embargo, soy escéptico sobre la situación actual de la universidad, excesivamente orientada hacia la hiperespecialización y cada vez más alejada de la realidad social. Vivimos tiempos difíciles para abrir espacios en la universidad en cuestiones como las que afectan a los estudios de desarrollo. La apuesta exacerbada por las competencias y las habilidades frente a los conocimientos, el afán por la mercantilización de éstos últimos, dificultan enormemente la interdisciplinariedad y el debate de ideas. Y, por otra parte, los estándares de excelencia y los rankings que se defienden se basan en considerar aspectos que poco tienen que ver con estas preocupaciones, fortaleciendo una dinámica que aleja a la universidad de sus responsabilidades en materia de compromiso social. Sin embargo, estoy convencido de que esta moda –que no nos lleva a ningún lado- acabará pasando, por lo que es importante mantener espacios dentro de la universidad –Cátedras, Institutos, etc.- en los que impulsar el debate interdisciplinar, en lo que mantener vivas algunas preocupaciones para, desde ellos, ir fortaleciendo el discurso y recuperar terreno, logrando que la comunidad académica vuelva  a interesarse por los problemas del desarrollo, por los problemas de la gente.

¿En qué medida están contribuyendo los estudios del desarrollo a definir la agenda de desarrollo post-ODM?

Creo que deberían distinguirse dos planos en este asunto. El primero se refiere a la incidencia real que los debates y los trabajos académicos de nuestro ámbito están teniendo en la configuración de dicha agenda post-2015. En mi opinión, tanto dentro como -sobre todo- fuera de España, se están publicando muchos trabajos –y de gran interés- sobre esta materia. Ahora bien, no sé hasta qué punto dichos trabajos van a influir en la definición de la mencionada agenda, al menos en lo afecta a las propuestas de los organismos internacionales. Me temo que los intereses políticos y los enfoques cortoplacistas pueden acabar imponiéndose sobre los diagnósticos más rigurosos. Cosa distinta es la orientación de lo que, en los próximos años, pueda ser la agenda de los debates sobre el desarrollo, la agenda y las preocupaciones de los que investigamos en esta materia,  y que podrán coincidir –mucho, poco, o nada- con la agenda oficial. En este sentido, considero que hay un tema crucial que está apareciendo de forma recurrente en los debates sobre el tema y que marcará en el futuro la posible convergencia o divergencia entre ambas “agendas”. Me refiero a la coherencia de políticas de desarrollo que, de alguna manera, encarna buena parte de las preocupaciones relacionadas con el mencionado cambio de paradigma, y con la multidimensionalidad del desarrollo. En mi opinión, se trata de una cuestión medular, que debe estar en el centro de los estudios del desarrollo, pero que provoca muchas tensiones cuando se trata de abordar en la agenda oficial. Creo importante incidir de manera especial sobre este asunto a la hora de plantear propuestas para el horizonte post-2015. No se trata de dejar de lado la lucha contra la pobreza ni de abandonar los esfuerzos orientados a combatir la privación humana. Se trata de enmarcar estos esfuerzos en el contexto más amplio de los cambios estructurales necesarios para avanzar hacia un mundo menos inseguro y más equitativo. De lo contrario, los pequeños logros que se consigan en el acceso a determinados bienes o servicios básicos, pueden verse arruinados por el vendaval de la inseguridad, la violencia y la incertidumbre que se están instalando en unas y otras partes del mundo, haciendo a los seres humanos mucho más vulnerables.

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