Entrevista a Marta Barandarian, profesora de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertistatea UPV/EHU

Barandarian

PERFIL DE LA ENTREVISTADA

  • Lugar y fecha de nacimiento: Bilbao, 28 de septiembre de 1960
  • Cargo e institución de trabajo: Profesora de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertistatea UPV/EHU
  • Especialidades en estudios del desarrollo: Doctora en el Programa de Estudios sobre Desarrollo del Instituyo Hegoa de la UPV/EHU
  • Un obra de los estudios del desarrollo que recomendarías: FADEEVA, Z., GALKUTE, L., MADER, C. y SCOTT, G. (eds) (2014). Sustainable Development and Quality Assurance in Higher Education. Houndmills: Palgrave Studies in Global Higher Education

ENTREVISTA

Marta, ¿cuáles serían los principales desafíos de los Estudios del Desarrollo en España?

Nos encontramos en un momento clave determinado por la aprobación de la agenda 2030, para la temática de los Estudios del Desarrollo. Uno de los problemas es la falta de definición del modelo de desarrollo que se ha de implantar para que se cumplan los retos que plantea esta nueva agenda. La Universidad debería aceptar su responsabilidad de aportar desde la generación y la transmisión de conocimiento.

Desde esta perspectiva, los Estudios del Desarrollo gozan de una fantástica oportunidad para entrar en el debate, y poder aportar una nueva narrativa del desarrollo en la que se conjuguen temas como: pobreza, desigualdad, género, derechos humanos, justicia, paz y sostenibilidad. Para ello los expertos han de hacer un gran esfuerzo desde la creatividad para conseguir la innovación social.

En el encuentro Cátedras UNESCO 2015, organizado por la Universidad de Valencia, con la colaboración de actores como REEDES, presentaste tu trabajo La nueva agenda desarrollo en las aulas universitarias. En él afirmabas que “el alumnado de hoy será el colectivo que determine el modelo de desarrollo del futuro”…

Como ya he dicho, la Universidad se encuentra ante el reto de contribuir al cambio de paradigma desde el que construir una sociedad con la responsabilidad de legar un mundo mejor a las generaciones futuras. En este nuevo escenario, la institución ha de ser consciente de estar formando a los individuos que tomarán las decisiones del futuro y pondrán en marcha el modelo de desarrollo planteado en la agenda 2030. Ya no basta con cumplir el objetivo único de generación de capital humano cualificado, se han de conseguir individuos con conciencia crítica; la universidad ha de optar por si quiere que la persona adquiera el conocimiento para tener más o para ser y poder más. En el primer caso el conocimiento es entendido como un bien que se compra y vende, y se genera y transmite en función de las demandas del mercado laboral; en el segundo, pongo el interés en el conocimiento como un bien que permite a las personas ampliar sus capacidades, que las empodera y las convierte en agentes para la trasformación.

Planteas un nuevo diseño curricular basado en capacidades, en generar conocimiento, dónde primen los intereses de las personas, la diversidad y sus contextos, en el que el alumnado sea el motor crítico del cambio. ¿Por dónde debe empezar ese reto?

Aquí entra en juego el diseño curricular en las universidades. El currículo ha de convertirse en una estrategia para que la transmisión de conocimiento responda a la intención de cambio de paradigma. Cada tipo de currículo reconoce un posicionamiento en el mundo de la universidad desde su función docente; estamos en un contexto en el que los procesos de aprendizaje transportan intenciones sobre qué conocimiento se adquiere y por qué, dónde, cuándo y cómo se utilizará.

En nuestras universidades actualmente, estamos comprobando que el diseño curricular por competencias se ha convertido en un buen instrumento de comunicación con el mercado laboral, y como consecuencia, se une a la tendencia de un enfoque pragmático, y pasa por alto la diversidad de los individuos y de sus contextos. La uniformidad de los currículos plantea un aprendizaje que responde a estándares ante contextos muy diferentes.

La filosofía que soporta este tipo de currículo interpreta el conocimiento como un factor más del crecimiento económico, donde el estudiantes son un medio más para el éxito de ese crecimiento. Desde este escenario se diseñan los procesos de aprendizaje para conseguir personas preparadas para competir en el mercado laboral.

La alternativa sería el currículo basado en capacidades, en el que se plantea el conocimiento como factor para ampliar el ámbito de actuación de la gente y de sus libertades; ha de responder a las demandas del propio individuo, el cual se emancipa de las demandas de mercado. Deberíamos conseguir que las personas desarrollen capacidad de adaptación, de reflexión y a la vez sean creativas. Que puedan vislumbrar futuros problemas y generar el conocimiento necesario para solucionarlos.

Y en este currículo basado en las capacidades, ¿cómo se proyectaría la dimensión de los valores?

El desafío para este tipo de currículos es crear, a través de los procesos de aprendizaje, oportunidades que permitan trabajar en pro de las desigualdades, los derechos humanos, la paz, la sostenibilidad, etc. Esto no se puede trabajar de manera puntual ni desde sólo una asignatura. Hay que modificar la unidad de análisis de los diseños curriculares: pasar del currículo de asignatura al currículo de grado.

Me parece muy interesante todo el paradigma de la Educación para el Desarrollo para aunar los valores y las competencias profesionales. No soy partidaria de establecer un único modelo, volveríamos a tropezar con la estandarización, la respuesta única; pero considero la necesidad de un denominador común a todos los procesos: el compromiso de construir y fortalecer capacidades en los individuos que los conviertan en agentes de transformación.

Tenemos que ser conscientes de la dificultad que supone dirigir los esfuerzos hacia un modelo diferente, y en el que no sabemos cómo se va a decantar, el escenario final. Hemos de conjugar valores y competencias profesionales, pero sin saber cómo se configurará el nuevo mercado laboral. De ahí la necesidad de la interdisciplinariedad y del trabajo transversal de determinados valores en el currículo. Me parece interesante la apuesta desde la CRUE por la metodología de ApS. Confiemos en que las políticas y decisiones universitarias permitan el desarrollo de este tipo de metodologías. Las actuales no reconocen la labor docente realizada en este sentido o incluso la dificultan.

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