Entrevista a Antonio Sianes, profesor de la Universidad Loyola Andalucía e investigador en Fundación ETEA para el Desarrollo y la Cooperación

foto sianes

PERFIL DEL ENTREVISTADO

  • Lugar y fecha de nacimiento: Llerena (Badajoz), 24/06/1982.
  • Cargo e institución de trabajo: Profesor del Departamento de Estudios Internacionales en Universidad Loyola Andalucía. Investigador en Fundación ETEA para el Desarrollo y la Cooperación.
  • Especialidades en estudios del desarrollo: Me siento demasiado novel para afirmar que sea especialista en algo, pero mis temáticas de estudio y mis preocupaciones se mueven por la Coherencia de Políticas para el Desarrollo y la Educación para el Desarrollo. Un binomio tan curioso como necesario, a mi humilde entender.
  • Una obra de los estudios del desarrollo que recomendarías: Muchas, algunas de ellas de colegas que me preceden en esta sección de entrevistas y que para mí son referentes. Pero si tuviera que mencionar sólo una, sería “El desarrollo: historia de una creencia occidental”, de Gilbert Rist. Por el despertar que me supuso y por su capacidad de transgresión.
  • Hipervínculo a página web personal o CV: https://etea.academia.edu/AntonioSianes

ENTREVISTA

¿Cómo ves los estudios de desarrollo en España? ¿Cuáles son los retos para un investigador joven que aborda su trabajo de manera interdisciplinar?

La primera idea que se me viene a la mente es que quizá sea necesario hacer una distinción terminológica, diferenciando los estudios del desarrollo de los estudios sobre la cooperación al desarrollo. Pienso que en España, si hacemos una mirada de bosque, tenemos que concluir que hemos sido más prolíficos en los segundos que en los primeros. Lo que no deja de ser comprensible dada la historia socio-política por la que ha transitado este nuestro querido país.

Dicho lo cual, creo importante destacar que los estudios del desarrollo en España están alcanzando un grado de madurez reseñable en los últimos años. Y quizá la puesta en marcha de REEDES sea la muestra más fehaciente de ello. La necesaria interdisciplinariedad con que hay que abordar este campo de estudio ha llevado a que sea práctica común la colaboración entre investigadores que venimos de disciplinas tan dispares como la historia, la sociología, la economía, el derecho o la política. Y esto ha implicado la necesidad de tejer redes más estables entre nosotros, también para ser una voz única ante las instancias de acreditación y de reconocimiento académico.

El reto al que nos enfrentamos los investigadores jóvenes (entre los que me alegra que me incluya) es el de mantener vivo ese fuego y contagiar con él a otros. Ser capaces de salir de los Departamentos estancos en que cada uno y cada una vivimos el día a día de nuestra investigación, e incluso elevar ese espíritu de multidisciplinariedad hacia la transdisciplinariedad. Pero el contexto no es tan proclive para ello, y el éxito o fracaso dependerá de nuestra capacidad para hacer un sobreesfuerzo sin tener garantizado que éste vaya a ser reconocido.

El debate sobre coherencia de políticas es frecuente en los últimos años. ¿Cuál es esa realidad en nuestro país?

Tenemos que hacer una nueva distinción, acertadamente implícita en la pregunta, sobre la presencia de la coherencia de políticas en el debate social y académico y la realidad de su implementación. Pues uno y otro distan mucho de converger.

De forma similar al trabajo que OXFAM INTERMÓN lleva años realizando con su informe sobre la realidad de la Ayuda, tienen que empezar a ser habituales y difundidos los informes sobre la realidad del compromiso político de España con el desarrollo. Algunos avances existen, como el propio Informe sobre Coherencia de Políticas para el Desarrollo del MAEC o el informe Avizor. Pero sea porque provienen de la propia Administración, sea porque aún resultan periféricos en su impacto, todavía no se han constituido como la evidencia empírica necesaria para denunciar las terribles carencias que existen en España en esta cuestión.

¿Pero qué nos cabe concluir si lo analizamos, sea intuitiva o desde la práctica? Pues que el compromiso de las políticas españolas con el desarrollo resulta lamentable. En sus dos acepciones.

Hay que lamentar la manifiesta falta de sensibilidad de las instancias políticas decisoras de nuestro país hacia las cuestiones de desarrollo: el “regateo” de cuotas ante la catástrofe humanitaria de los refugiados; el desentendimiento del cada día más irreversible deterioro medioambiental; la permisibilidad ante los crímenes fiscales que periódicamente infligen inflación en bienes de primera necesidad. Son sólo algunos ejemplos de la total falta de sensibilidad de nuestros gobiernos con los desafíos de nuestro tiempo.

Y resulta también lamentable por cuanto cada día muestra un rostro más deformado, más maltrecho podría decirse. La crisis económica lleva años jugándose en España sin tapujos como la hoja en blanco que justifica toda muestra de insolidaridad internacional, y nuestra propia imagen exterior ha sufrido un deterioro que costará años regenerar. Si es que en algún momento se plantea retomarlo.

Uno de los retos al hablar de coherencia de políticas es su medición. ¿Qué opinión te merece el Índice de Compromiso con el Desarrollo (CDI)?

A día de hoy, el Índice de Compromiso con el Desarrollo (CDI, de sus siglas en inglés), propuesto por el Center for Global Development, es el único indicador lo suficientemente omnicomprensivo, fiable y de trayectoria con el que contamos los que queremos hincarle un diente más analítico a la Coherencia de las Políticas con el Desarrollo. Por ello, antes que nada, hay que calificarlo como un digno ejercicio de rendición de cuentas, pues ha permitido plantear estudios cuantitativos que refuerzan los estudios de caso que vienen realizándose en la materia desde hace años. Pero eso no significa que el CDI no tenga que ser objeto tanto de crítica, como de revisión.

El enfoque humano brilla por su ausencia en la configuración del índice. Podríamos decir, no con ánimo de ser reduccionistas sino pedagógicos, que el CDI es a la Coherencia de Políticas con el Desarrollo lo que el PIB era en los años 90 al propio concepto de Desarrollo. Y siguiendo con la analogía, es necesario que se fundamente teórica y metodológicamente una revisión del CDI como la que el PNUD introdujo a través del Índice de Desarrollo Humano (IDH) a la hora de medir el desarrollo de las naciones del mundo.

Afortunadamente se están realizando notables esfuerzos para ello, también desde el panorama nacional. Quiero mencionar la elaboración de un nuevo índice que está llevando a cabo la Plataforma 2015 y más en este preciso momento, y que pronto dará sus frutos. Este trabajo teórico y metodológico es posible en España sólo gracias a los magníficos trabajos de Alonso, Millán, Olivié y tantos otros que injustamente olvido mencionar. Lo que habla una vez más de la madurez de la investigación en nuestro ámbito de conocimiento.

¿En qué medida contribuye la Educación para el Desarrollo a mejorar el aspecto de la coherencia?

Esto es algo que aún no ha sido investigado de forma rigurosa, ya que no contamos con los mecanismos apropiados para poder hacer algo más que una primera aproximación. En mi tesis y alguno de mis artículos he creído (o quizá querido) ver una cierta correlación entre la Educación para el Desarrollo y la Coherencia de Políticas para el Desarrollo, que vienen a reforzar la idea intuitiva que planteo a continuación.

Cabe esperar que un país en el que la ciudadanía está más sensibilizada con los problemas del desarrollo global cuente con una mayor movilización ciudadana. Cabe esperar que esta mayor movilización inste a los gobiernos a tomar medidas que favorecen el desarrollo, introduciendo estos temas en la agenda política. Cabe esperar que la formación en desarrollo recibida por los dirigentes que gobiernan los asuntos públicos también tenga una influencia en el modo en que estos se abordan. Así como cabe esperar que una academia y una sociedad civil armadas con evidencias empíricas sobre los impactos que provocan las incoherencias refuercen estas decisiones, cuando no las orienten directamente. Y, por último, cabe esperar que si este ciclo virtuoso de decisiones públicas a favor del desarrollo se rompe, los responsables de dicha quiebra tengan que responder públicamente y sean valorados en consecuencia.

Como puede observar, todo esto no son sino hipótesis que poco a poco hemos de seguir contrastando con la realidad. Pero me sirven de brújula tanto para guiar mi investigación como para animarme a seguir defendiendo este posicionamiento ético.

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